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El Inquisidor

Por Lucas Martín

En Yerba Buena, la política no duerme; se reproduce por mitosis. Mientras el ciudadano promedio reza para que el asfalto sobreviva a la próxima tormenta de verano, la corporación política local ya armó el árbol genealógico de candidaturas para 2027. La gran novedad —que sorprende a absolutamente nadie— es que el actual intendente, Pablo Macchiarola, ya oficializó que quiere quedarse cuatro años más en el sillón municipal. Porque, seamos honestos, ¿quién dejaría la intendencia de la “Ciudad Jardín” voluntariamente cuando todavía quedan tantas cosas por inaugurar?

El panorama para Macchiarola se presenta, paradójicamente, bastante despejado gracias al canibalismo de la oposición. La oferta electoral de Yerba Buena está tan atomizada que pronto los candidatos van a tener que empezar a saludarse entre ellos en los semáforos de la Avenida Aconquija para no pisarse los carteles. Hasta la fecha, la lista de aspirantes parece la fila de un boliche un sábado a la noche: hay de todo, para todos los gustos, y nadie quiere quedarse afuera.

Por el lado de la derecha que grita, La Libertad Avanza ya rompió formalmente con el oficialismo y lanzó al ruedo a Agustín Delacroix, demostrando que las fuerzas del cielo también quieren tener domicilio en Marcos Paz. Pero la interna Justicialista no se queda atrás: el otrora Fiscal Raúl Ferrazzano, también se anota en la carrera, prometiendo el verdadero cambio dentro del cambio del cambio. Y, por supuesto, el peronismo ortodoxo no podía faltar a la cita; Kabuby Araoz enarbolando al Vicepresidente del IDEP Juan Casañas encabeza la resistencia con la titánica tarea de convencer al electorado yerbabuenense de que es la solución a los problemas que el propio justicialismo mira de reojo desde la vecina Capital.

En total, ya se cuentan más de veinte dirigentes en danza. Una cifra que desafía cualquier lógica matemática y de gestión: hay casi más candidatos que frecuencias de colectivos en la ciudad. Mientras la danza de nombres continúa y las alianzas se firman con la misma velocidad con la que se traicionan, Macchiarola sonríe. Sabe perfectamente que, mientras la oposición siga jugando al juego de “dividir y reinarás” en su contra, su principal campaña consistirá simplemente en sentarse a ver cómo sus rivales se tropiezan entre ellos.

Ahora: la historia para las concejalías es otra historia que muy pronto contaremos…