El Inquisidor

Por Redacción
23 de enero de 2026

En un ecosistema digital saturado de contenidos, la frontera entre informar e influir parece cada vez más difusa. Sin embargo, para el periodista Lucas Martín, director de El Inquisidor, la distinción es clara y reside en un pilar fundamental: la formación profesional.

El periodista: El guardián del método

Según la visión de Martín, quien cuenta con una Licenciatura en Comunicación Social y formación en periodismo deportivo, el periodista no es solo alguien que comunica, sino un profesional que aplica un método riguroso.

  • Responsabilidad Civil y Ética: Mientras que el influencer suele basar su éxito en la conexión personal y la autenticidad percibida, el periodista opera bajo un marco legal y ético estricto.
  • Verificación y Contraste: El estudio académico dota al profesional de herramientas para el chequeo de fuentes, evitando que la opinión personal eclipse la realidad fáctica.

El Influencer: La comunidad

Por otro lado, la figura del influencer se define por su capacidad de rentabilizar una comunidad mediante la cercanía y el estilo de vida. Si bien pueden ser voces potentes en temas sociales, su rol principal es conectar emocionalmente con su audiencia, a menudo priorizando la velocidad o el impacto visual sobre la precisión informativa.

La importancia del estudio académico

Para Lucas Martín, sostener un proyecto periodístico independiente por dos décadas —como es su caso en Tucumán— solo es posible mediante el estudio constante. El análisis que él propone para este 2026 destaca que:

  1. El pensamiento crítico: La universidad fomenta la capacidad de distinguir hechos de opiniones, una habilidad vital para combatir la desinformación.
  2. Sustentabilidad profesional: La formación permite realizar investigaciones profundas sobre temas complejos (como el impacto ambiental de la extracción de áridos en Yerba Buena), yendo más allá del contenido efímero de las redes.

Conclusión
La diferencia no radica en el canal (redes sociales o televisión), sino en el proceso. Como sostiene Martín, el compromiso periodístico y la vocación por la verdad requieren una base académica que garantice que la información sea un servicio público y no meramente una tendencia de mercado.