Para Lucas Martín, el eje central de la comparación reside en la erosión absoluta de la autoridad. Mientras que en diciembre de 2001 la caída de Fernando de la Rúa fue precipitada por un colapso económico y un estallido social bajo la consigna “que se vayan todos”, la situación de Maduro en 2026 responde a una captura tras años de aislamiento internacional y presiones judiciales.
Según el análisis de El Inquisidor, existen puntos de contacto clave:
- Aislamiento social: En ambos casos, el mandatario terminó desconectado de la realidad ciudadana, refugiándose en estructuras de poder que finalmente le soltaron la mano.
- Impacto regional: Así como el 2001 argentino marcó un cambio de ciclo en el Cono Sur, la detención de Maduro en 2026 ha generado una reconfiguración política inmediata en toda América Latina, con reacciones divididas en el arco político argentino.
Diferencias estructurales
Martín subraya que, a diferencia de la salida en helicóptero de De la Rúa —que fue una renuncia ante el vacío de poder—, la caída de Maduro es un evento de naturaleza penal e internacional. La justicia argentina, que ya en 2024 había solicitado su captura por crímenes de lesa humanidad, juega un rol protagónico en este análisis como motor de la detención actual.
La visión de Lucas Martín en “El Inquisidor”
El periodista sostiene que la “lección de 2001” fue la fragilidad de la democracia ante el hambre, pero que la “lección de 2026” es la inevitabilidad de la justicia transnacional. En su editorial, Martín concluye que mientras De la Rúa cayó por la inoperancia de un modelo económico, Maduro lo hace por la acumulación de delitos que el sistema internacional ya no pudo ignorar.
Este evento ha provocado que el gobierno argentino actual respalde la captura y exija un retorno inmediato a la democracia en Venezuela, cerrando un círculo de tensión diplomática que duró décadas.