Los derechos del “conviviente” en el Código Civil y Comercial por Pamela Galetto

El Código de Vélez regulaba solamente las uniones matrimoniales, no hacía mención a las uniones que se basan en una relación afectiva, con un proyecto de vida en común, pero que no tenían intención de pasar por el registro civil.

Columnas 01-08-2019
Los derechos del “conviviente” en el Código Civil y Comercial por Pamela Galetto - El Inquisidor


Siempre y en aras de atender al cambio constante de la sociedad, y el
crecimiento de las uniones en convivencia, eliminando el termino concubinato,
este nuevo Código las regula en los artículos 509 al 528; nos describe cuáles
serán los requisitos para que puedan ser consideradas “Uniones
Convivenciales”, ellos son: relaciones afectivas de carácter singular, pública,
notoria, estable y permanente de dos personas que conviven y comparten un
proyecto de vida en común, sean del mismo o diferente sexo, y aquí una
característica muy importante, sin distinción de sexos, ya que luego del matrimonio
igualitario se debe equiparar a las parejas que deciden convivir.
Como en el matrimonio, se exige la mayoría de edad de ambos
convivientes, no ser parientes en línea recta, y colateral hasta el segundo grado, ni
por afinidad en línea recta; y les exige que mantengan la convivencia durante un
periodo no inferior a los dos años.
A los fines de poder probar la convivencia se abren “Registros de Uniones
Convivenciales”, el trámite es similar al del matrimonio, se solicita turno, para lo
cual debe ser pedido por ambos integrantes, y dos testigos, allí también se podrá

dejar sentado todas las cuestiones relativas a la vida diaria, estos pactos pueden
regular entre otras cosas: la contribución a las cargas del hogar durante la vida en
común; la atribución del hogar común en caso de ruptura; la división de los bienes
obtenidos en común.
En caso de no haber registrado dicha unión, siempre se puede acudir a
cualquier medio de pruebas a los fines de acreditarla, no es requisito excluyente
estar inscripto.
A falta de pacto cada uno administra libremente los bienes de su titularidad,
exceptuando que si la unión ha sido inscripta, la vivienda que es sede del hogar
familiar, no puede ninguno de los convivientes disponer de la misma, ni de los
bienes muebles, sin el asentimiento del otro.
En caso de cese, los convivientes no se deben alimentos bajo ningún
supuesto, aunque la ley autoriza al pedido de Compensación económica al
conviviente que demuestre que ha sufrido un desmejoramiento en su situación,
evaluando la dedicación al hogar, la edad y salud, la capacitación laboral, etc.
Puede consistir en una prestación única, una renta por un tiempo que no puede
exceder los años que duró la misma, o cualquier otro modo que acuerden las
partes.
La atribución del uso de la vivienda familiar, que fue sede del hogar puede
otorgarse al que tiene a su cargo el cuidado de los hijos, o que demuestre la
extrema necesidad de una vivienda y no posea los medios para procurársela, el
plazo de atribución no puede exceder los dos años contados desde el cese de la
unión.
A falta de pacto los bienes adquiridos durante la convivencia se mantienen
en el patrimonio al que ingresaron.
Aquí uno de los aspectos más importantes, el conviviente no tiene
derechos sucesorios. Para poder heredar se debe realizar un testamento en el
cual figure como beneficiario, pero siempre respetando la parte de los herederos
forzosos.

Como vemos hasta aquí este código reconoce y les asigna derechos a los
convivientes, pero no los equipara al matrimonio, no teniendo los mismos efectos
jurídicos.
Siempre encontraremos voces a favor “se los reconoce”; y en contra “si
quieren más derechos cásense”; pero sea cual fuere nuestro punto de vista
debemos reconocer que a través de la legislación se está tratando de dar un
marco legal a estas situaciones que ya existían y que vienen en aumento, sea cual
fuere el motivo, no podían desconocerlos.

El Inquisidor

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